Cobardía y valentía
Muchas veces las personas a nuestro alrededor nos sorprenden cuando se muestran más valientes o más cobardes que la imagen que teníamos de ellos. A veces incluso nos sorprendemos a nosotros mismos por esa razón. Es algo natural por otra parte: cada vez que nos levantamos vemos el mundo de un color distinto y hay días en los que enfrentarse a cualquier cosa (sea un jefe ogro o a una simple ducha fría) parece muy sencillo o extremadamente complicado.
También es algo que depende de la situación. Una adolescente que es muy lanzado con las chicas y que sin embargo tiene miedo de enfrentase a su padre, un soldado que siempre es el primero en lanzarse en el paracaidas y que sin embargo en una cita está nervioso como nunca, un profesor que es capaz de infundir terror a una clase entera de alumnos y que sin embargo duerme con la luz encendida por la noche... Cada cual tiene sus fortalezas y sus debilidades, aquellas zonas en las que se siente seguro y se desenvuelve bien y aquellas oscuridades que intenta evitar como sea.
Con este inestable punto de partida hay algunas dificultades a la hora de decir si una persona es cobarde o valiente. De manera que solamente se me ocurre un baremo posible a la hora de mensurar la valentía, y es la capacidad que tiene una persona de actuar convenientemente a pesar de sus miedos, la capacidad de autosuperación de cada cual. Según esto parecería que el único que sabría de la propia cobardía o valentía sería el sujeto, con lo cual volvemos al principio.
Pero hay un matiz interesante, como un rayo de sol que se filtra a través de las nubes de un huracán: cada victoria sobre uno mismo deja un poso, una delgada pátina, un pequeño asidero, una pequeña luz. Y cuando ves a una persona que brilla con esa luz tenue y apenas perceptible de las miles o millones de pequeñas victorias, entonces sabes que estás ante un valiente. Es la luz que hace brillar a Aragorn y a Gándalf, a Samsagaz y a Frodo, a Meriadoc y a Peregrin. Es la luz que está presente en todos los Héroes que alguna vez han sido, son y serán. Es la luz de los valientes.
Para ser un héroe no es necesario matar a Ancalagón el Negro ni acabar con el Señor Oscuro de Barad-Dûr. Para ser un héroe simplemente es necesario acostarse sabiendo que has hecho todo lo posible, día tras día, batalla tras batalla, pequeñas o grandes, ser consciente de que nada ha podido contigo, y que si hay algo volverás y vencerás. A lo mejor un día todos aprendemos a lucir como estrellas.
También es algo que depende de la situación. Una adolescente que es muy lanzado con las chicas y que sin embargo tiene miedo de enfrentase a su padre, un soldado que siempre es el primero en lanzarse en el paracaidas y que sin embargo en una cita está nervioso como nunca, un profesor que es capaz de infundir terror a una clase entera de alumnos y que sin embargo duerme con la luz encendida por la noche... Cada cual tiene sus fortalezas y sus debilidades, aquellas zonas en las que se siente seguro y se desenvuelve bien y aquellas oscuridades que intenta evitar como sea.
Con este inestable punto de partida hay algunas dificultades a la hora de decir si una persona es cobarde o valiente. De manera que solamente se me ocurre un baremo posible a la hora de mensurar la valentía, y es la capacidad que tiene una persona de actuar convenientemente a pesar de sus miedos, la capacidad de autosuperación de cada cual. Según esto parecería que el único que sabría de la propia cobardía o valentía sería el sujeto, con lo cual volvemos al principio.
Pero hay un matiz interesante, como un rayo de sol que se filtra a través de las nubes de un huracán: cada victoria sobre uno mismo deja un poso, una delgada pátina, un pequeño asidero, una pequeña luz. Y cuando ves a una persona que brilla con esa luz tenue y apenas perceptible de las miles o millones de pequeñas victorias, entonces sabes que estás ante un valiente. Es la luz que hace brillar a Aragorn y a Gándalf, a Samsagaz y a Frodo, a Meriadoc y a Peregrin. Es la luz que está presente en todos los Héroes que alguna vez han sido, son y serán. Es la luz de los valientes.
Para ser un héroe no es necesario matar a Ancalagón el Negro ni acabar con el Señor Oscuro de Barad-Dûr. Para ser un héroe simplemente es necesario acostarse sabiendo que has hecho todo lo posible, día tras día, batalla tras batalla, pequeñas o grandes, ser consciente de que nada ha podido contigo, y que si hay algo volverás y vencerás. A lo mejor un día todos aprendemos a lucir como estrellas.