martes, julio 25, 2006

Cobardía y valentía

Muchas veces las personas a nuestro alrededor nos sorprenden cuando se muestran más valientes o más cobardes que la imagen que teníamos de ellos. A veces incluso nos sorprendemos a nosotros mismos por esa razón. Es algo natural por otra parte: cada vez que nos levantamos vemos el mundo de un color distinto y hay días en los que enfrentarse a cualquier cosa (sea un jefe ogro o a una simple ducha fría) parece muy sencillo o extremadamente complicado.

También es algo que depende de la situación. Una adolescente que es muy lanzado con las chicas y que sin embargo tiene miedo de enfrentase a su padre, un soldado que siempre es el primero en lanzarse en el paracaidas y que sin embargo en una cita está nervioso como nunca, un profesor que es capaz de infundir terror a una clase entera de alumnos y que sin embargo duerme con la luz encendida por la noche... Cada cual tiene sus fortalezas y sus debilidades, aquellas zonas en las que se siente seguro y se desenvuelve bien y aquellas oscuridades que intenta evitar como sea.

Con este inestable punto de partida hay algunas dificultades a la hora de decir si una persona es cobarde o valiente. De manera que solamente se me ocurre un baremo posible a la hora de mensurar la valentía, y es la capacidad que tiene una persona de actuar convenientemente a pesar de sus miedos, la capacidad de autosuperación de cada cual. Según esto parecería que el único que sabría de la propia cobardía o valentía sería el sujeto, con lo cual volvemos al principio.

Pero hay un matiz interesante, como un rayo de sol que se filtra a través de las nubes de un huracán: cada victoria sobre uno mismo deja un poso, una delgada pátina, un pequeño asidero, una pequeña luz. Y cuando ves a una persona que brilla con esa luz tenue y apenas perceptible de las miles o millones de pequeñas victorias, entonces sabes que estás ante un valiente. Es la luz que hace brillar a Aragorn y a Gándalf, a Samsagaz y a Frodo, a Meriadoc y a Peregrin. Es la luz que está presente en todos los Héroes que alguna vez han sido, son y serán. Es la luz de los valientes.

Para ser un héroe no es necesario matar a Ancalagón el Negro ni acabar con el Señor Oscuro de Barad-Dûr. Para ser un héroe simplemente es necesario acostarse sabiendo que has hecho todo lo posible, día tras día, batalla tras batalla, pequeñas o grandes, ser consciente de que nada ha podido contigo, y que si hay algo volverás y vencerás. A lo mejor un día todos aprendemos a lucir como estrellas.

martes, julio 18, 2006

Ánimos alterados

Suelen aparecer siempre que se saca a la palestra el tema de las creencias. Indefectiblemente. Lo que no termino de entender es por qué sucede esto.

Los seres humanos emitimos creencias todos los días. No creencias profundas y universales, sino algo más básico, definido por la RAE como "Completo crédito que se presta a un hecho o noticia como seguros o ciertos". Muchas veces las situaciones cotidianas dan lugar facilmente a que se otorgue crédito a un hecho, aun sin tener datos suficientes para una completa seguridad. Sentencia del tipo "Creo que Fernando Romay mide 2,14 metros" o del tipo "Creo que era 200 gramos de harina" ejemplifican lo habitual de las creencias.

Sin embargo, la RAE añade una acepción más al término creencia, y acto seguido lo define como "Religión, doctrina". Es decir, cuando se habla de creencias, comúnmente se refiere a estas últimas. Yo incluso añadiría "filosofía" a esa definición, tomada como el conjunto de reglas por las que se define un comportamiento consciente de una persona. Claro, cuando se habla de algo tan profundo cualquier discrepancia que pueda surgir tiene muchas posibilidades de convertirse en una discusión sin freno ni resolución posible.

Las doctrinas de una persona no cambian así como así. No pueden hacerlo porque creo que son unas de las bases de la personalidad. De manera que cuando se cuestiona una creencia, aunque sea de manera respetuosa y cordial, las posibilidades de afrentar a la persona son altas. Muy altas, de hecho. Porque a fin de cuentas se está juzgando una de las cosas que nos hacen ser como somos. Imagino que son necesarias una madurez y una serenidad bastante grandes para soportar las críticas a las creencias propias con una sonrisa en el rostro.

Me dijo un buen colega hace tiempo, con tino, que cuando él criticaba una opinión, juzgaba eso, la opinión, y no a la persona. Es decir que cuando él tilda de tonta una opinión no le está llamando tonta a la persona que la emite. Es un planteamiento que me gusta y que considero muy correcto, pero que por desgracia no es demasiado aplicable en las discusiones sobre creencias. Lo que se juzgan en esas discusiones no son opiniones, sino a las propias personas. La intención es buena, pero el resultado es siempre bastante desalentador.

Aún no he conocido a nadie que carezca de doctrinas.

Algunas de nuestras doctrinas tienen un origen religioso, sin duda, sin importar que hayan evolucionado y dado lugar a algo completamente diferente. Pero aún no he conocido a nadie que haya estado o esté fuera de la influencia de las religiones. Aunque sea para condenarlas y para luchar contra ellas.

Es por eso que cuando se atacan las creencias de algunas personas cercanas a mí me pregunto si me he perdido algo, si hay algún fallo en mi razonamiento. Porque las doctrinas de las personas que conozco no son nada destructivas. No conozco a nadie (creo) que piense que esté bien hacer explotar una bomba dentro de un autobús escolar, ni que piense que es necesario pasar a cuchillo a todos los surafricanos. No, son gente sencilla que se dedica a vivir su vida, a intentar llevarla sin demasiadas complicaciones, y que aspira a ser feliz. Las doctrinas de un amigo mío que sea muy católico no entran más en conflicto con otro amigo mío que sea ateo, o no deberían. Ninguno le está robando el pan al otro, ni se está tirando a la novia del otro, ni está vejando a la familia del otro. No lo entiendo. Es afán de hacer daño porque sí.

No sé... a lo mejor el hecho de aceptar que existen otras maneras de ver el mundo es más complicado de lo que parece. Porque la cosa es que yo solamente tengo la mía y por lo tanto debo esforzarme para intentar ponerme en otra piel.

Ah, vale, ahora lo capto XD.
Esto del blog es maravilloso para poner orden.


Cuando la doctrina de alguien que se cruce en mi vida afecte a ésta de forma sensiblemente destructiva, entonces probablemente estas pacíficas maneras desaparezcan y surja la bestia. Pero mientras tanto... ¿para qué? Aún no he conocido a nadie que desee que a las mujeres les corten el clítoris o que piense que yo, blanco, español y medio calvo, debería estar muerto. El día en que lo conozca ya veremos lo que pasa.

lunes, julio 17, 2006

Currando en la Ciudad Universitaria.

En muchos sentidos soy un privilegiado. Pero cada día, al subirme al autobús que me deja en la puerta del curro, me acuerdo de uno en particular, y es el lujo de saber que trabajo en un entorno que es bastante complicado mejorar. Árboles, césped, sombras frescas y parques amables, el paraninfo con sus campos de rugby y fútbol, pocos edificios... la ciudad universitaria de Moncloa se me antoja un lugar inmejorable. Miro por la ventana y veo los troncos blancos de los chopos calentándose al sol, un poco más allá dos coníferas majestuosas, parecidas a abetos, justo detrás dos arbustos bajos recortados con forma de cúpula, y en el centro hay una pequeña explanada de tierra con un banco de piedra, de los de antes. Este es un gran sitio.

Es poco probable que me quede toda la vida en este trabajo, pero sé que antes del curro de siete horas en invierno y de seis en verano, y antes de los desayunos con los colegas, echaré de menos el saludar a los árboles día tras día.

martes, julio 04, 2006

Maquetas

La primera maqueta de la que tengo recuerdo es una preciosa réplica del Enterprise (de las películas I, II y III) de cerca de medio metro de largo. Dentro del platillo tenía luces que lo iluminaban por dentro, gracias a un pequeño interruptor y a una pila que tenía alojados en el cuerpo de la nave. Era sencillamente preciosa. Me acuerdo de que la hicimos entre mi padre y yo. Es decir, que la hizo mi padre porque yo era demasiado pequeño. Y quedó preciosa.

Después de aquella vinieron otras muchas. Al principio aviones de combate modernos (F14, F-15, Mirage F1, y MIG-23 a 1/72), de la II Guerra Mundial (BF-109 Messerschmitt y P-47 Thunderbolt) y comerciales (DC10-30 y Boeing B747-400). Luego vinieron los barcos: destructores y acorazados (Gniseau y Bismarck), transatlánticos (RMS Titanic), y portaaviones (CVN 69 Eisenhower). También hubo tiempo para volver a la ciencia ficción de mano de Star-Trek (destructor Klingon) y de Star Wars (X-Wing y Caza TIE de Vader). Hubo bastantes. Muchas.

Y bueno, merced a ciertas circunstancias que no viene al caso exponer, el caso es que todas aquellas maquetas ya no están. E iba yo pensando en ellas, algo nostálgico, mientras me dirigía dispuesto a resucitar aquella bonita costumbre que tenía antes de construir cosas, hacia La Tienda. De aquella tienda, sita en la madrileña calle de Fuencarral, salió hace ya más de dos décadas aquella maqueta del Enterprise que comentaba, amén de algunas otras. Y hacía más de una que no aterrizaba por allí.

No ha cambiado nada.

Sigue teniendo su tren eléctrico suspendido encima de la entrada, sus cientos y cientos de cajas hasta el techo y ese ambiente tan especial que te hace saber que entre todas ellas está el tesoro que buscas. Yo en aquel momento no buscaba ninguno en particular, simplemente una maqueta no demasiado sencilla y no demasiado dificil en plástico. Pero entonces me empecé a encontrar con viejos conocidos, con aquellas mismas cajas, indiferentes al paso del tiempo, como si hubiese sido antes de ayer cuando entré a comprar en vez de haber pasado doce años. Estaban casi todas, mis viejas maquetas Revell con aquellos dibujos (nunca fotografías) pintados en la caja, con ese olor especial. Casi no pude contener las lágrimas. También contuve mi voluntad de coger todas ellas, una por una, comprarlas, llevarlas a casa, y montarlas todas de nuevo, rehacer mi perdida colección. Al final me decidí por una maqueta nueva, una pequeñita del Cutty Sark, la cual puede quedar muy bonita si le dedico el tiempo que se merece. Pinturas, pegamento, pinceles, cuter e ilusión a raudales. Con eso es puede construir cualquier maqueta por dificil que sea.

Ayer la comencé. La quilla del veterano clípper está en el astillero y dentro de poco surcará los mares con viento largo por la aleta, rumbo al Mar de China. Con un poco de suerte dentro de poco pondré aquí las fotos.

viernes, junio 30, 2006

Me revientan profundamente los listos.

Así iba a titular una entrada flame sobre cierto tipo de personal, pero mejor voy a dejarlo porque ya está hecha, ya está borrada y ya está el cabreo pasado. De manera queal no ayudar a nadie, la dejaré en ese limbo masivo de las cosas-que-pudieron-ser-y-no-fueron, interesante lugar al que cantó Víctor Manuel en "A dónde irán los besos".

Y es que no ha sido una semana sencilla ésta no...
Y he llegado a una sorprendente conclusión. El número de gilipolleces que tenemos que soportar al día no va en función de lo despierto que se sea. La realidad en la que ahora mismo nado es que tendemos a reflejar nuestras gilipolleces en los demás. Y sustraerse a esto no es sencillo: hay que currárselo, hay que mostrar madurez ante las tonterías que anidan en la mente, hay que aprender a aprender de uno mismo y del mundo... no es sencillo.

Si tuviera que escoger uno de los siete pecados capitales, a lo Vampiro, mi pecado sería la pereza. En una partida que jugué no se me ocurría cómo rolearlo (y conseguir px en consencuencia claro) y pensaba que había pecados mejores para ello.

Y es que los perezosos lo somos en todos y cada uno de nuestros actos y pensamientos.

Es la mía una pereza que nace de dentro, de la consciencia natural de que el enemigo es demasiado grande, porque el enemigo es el mundo, ni más ni menos. Y es que aquí, los retos son en serio. Pues menudo soy. Y la realidad es que, en el fondo, se trata de una excusa barata para no currármelo. Esa es la lectura primera, pero hay otra algo más profunda: es una excusa, igualmente barata, para tomar una identidad propia. Asumámoslo: nadie se enfrenta al mundo sabiendo que va a ganar. Es como si una hoja se enfrentase al árbol del que forma parte. No... es una excusa. Hasta mi inclinación hacia la meditación tiene parte de pereza: una corriente donde el acto supremo es sentarse sin hacer nada. Y encima te iluminas y entiendes todo. Mejor imposible vamos.

Pero hay una tercera lectura, y es la que da esperanza. Que los que somos perezosos simplemente no sabemos cómo convertir nuestra energía en cosas. Y es que ser perezoso es terriblemente cansado. Posiblemente no haya nada que canse más que ser perezoso. Cansa tanto que alguien perezoso está siempre cansado y sin ganas de hacer nada.
Parece ilógico y tonto, pero así es la realidad: estoy invirtiendo una cantidad de energía increible en no hacer nada. Luego esa energía existe, la tengo a mi disposición. Solamente tengo que aprender a convertirla en cosas interesantes.

Me he comprado una maqueta del Cutty Sark. Pequeña y más o menos sencilla de hacer.
Ya veremos qué pasa con ella.

miércoles, junio 28, 2006

Lo bueno de un diario

Hay personas que consideran que lo bueno de un diario es que está lleno de páginas blancas, listas para ser escritas, para llenarlas con pensamientos, con sueños, con gritos, con lo que en ese momento se tenga en la cabeza. Son éstas unas personas que suelen mirar adelante.

Y luego estamos los que pensamos que lo bueno de un diario es hojear lo que escribimos, rememorar lo que pensamos, recordar cómo nos sentíamos y cómo nos afectaban aquellos sentimientos, aquellas emociones, al escribir. Como quien hojea un álbum de fotos y mira la expresiones de las caras y recuerda. Somos éstas las personas que preferimos mirar atrás.

Un diario es tan fiel compañero o tan fiero enemigo como queramos. En sus páginas podemos esconder odios y amores, amistades y enemistades, miel o hiel, lo que nosotros, cocineros irrefrenables, irreflexivos y desordenados, queramos colocar en nuestra personal receta. No siempre es sencillo leer un diario personal. Sobre todo si se es un vago, como yo, un perezoso que busca que le den las recetas hechas, pero que tontamente busca en ellas nuevos y originales sabores, a pesar de saber que no encontrará nada de eso si no se lo curra un poco. Hay momentos en que la vida sabe a spaguettis recalentados en el microondas.

Y tengo la impresión de que ese será el sabor que encontraría si me dedicase a leer hacia atrás en este blog. Me encontraría con viejos problemas, con viejas malas soluciones, con viejos discursos, con viejas disculpas y viejos experimentos. A lo mejor este experimento que hago ahora mismo un día me parece viejo. No, nunca leo hacia atrás por pereza y por miedo de lo que esa pereza me ha hecho, y me sigue haciendo. Potencial desperdiciado.

Es facil engañarse a uno mismo: solamente hay que mirar hacia otro lado, hacia afuera, y pensar que ese tío del espejo es otra persona. Pero cuando se vuelve la mirada hacia las vísceras entonces la realidad te salta a la cara como un chorro de ácido, cruel y abrasador. Y no queda otro remedio que volver a ser un Joker de la vida, con una falsa sonrisa nacida de una falsa alegría.

Y mientras tanto los granos de arena caen, imperturbables, sobre mi cabeza y se amontonan alrededor mío. Ya hay una pequeña montaña. Llegará un momento en que me cubra del todo. Y miro alrededor y veo que hay personas que se dedica a hacer castillos en la arena y que hay otras que nos quedamos mirando estúpidamente el chorro dorado que cae de las alturas y preguntándonos por qué demonios cae, y qué sentido tiene todo. Adivinen, apreciados lectores quiénes serán más felices.